
Después de unos días sin ninguna entrada, le voy a dar un poco de movimiento a este blog. Hoy quiero incluir una entrada clásica en casa de mis padres. Tengo la inmensa suerte de que mi padre cría pollos caseros, y mi madre los cocina como nadie. Así que la entrada de hoy, va como homenaje.
Los pollos de casa suelen ser algo más grandes y algo más duros que los de compra. Si bien esto se puede apreciar como un defecto (y tal vez lo sea), el sabor que tienen tampoco tiene nada que ver. Hasta el punto de que puede que haya gente que no les llegue a gustar (pasa un poco como con la leche; si nunca has probado leche "de verdad", tal vez no te guste el sabor si estás acostumbrado al sabor de la de caja/brick/bolsa).